Explorando el maravilloso mundo de la ciencia

Lecturas de interés científico

 

AREA DE CIENCIAS NATURALES     “PROYECTO LEA “    

          

 

NOMBRES Y APELLIDOS: _________________________________________Grado: _____ FECHA: V-06-2011

 

Estándar: “Describo procesos físicos y químicos de la contaminación atmosférica”

 

Chernobil 'versus' Fukushima

 

Radiactividad: Propiedad de algunos elementos químicos de emitir partículas u ondas electromagnéticas. Esta propiedad se debe a la existencia de una descompensación entre el número de neutrones y de protones del núcleo del átomo, que provoca una inestabilidad y una liberación de la energía acumulada en forma de partículas u ondas. La radiactividad natural se debe a elementos que emiten radiaciones espontáneamente, como es el caso del uranio, el torio o el radón, por ejemplo.

 

Las palabras clave para entender el desastre nuclear

Reactor nuclear: Instalación en la que puede iniciarse, mantenerse y controlarse una reacción nuclear en cadena. El reactor (nuclear) de agua a presión es un reactor refrigerado con agua natural a una presión superior a la de saturación, a fin de impedir su ebullición. El reactor de agua en ebullición (como los de la central de Fukushima) es un reactor refrigerado con agua natural, la cual se deja que hierva en el núcleo en una cantidad considerable.

BWR o Reactor de agua en ebullición: El calor generado por las reacciones en cadena se usa para hervir el agua. De este tipo son los reactores de la planta japonesa de Fukushima o los de Garoña, en Burgos. Ambas plantas usan el mismo reactore de tecnología BWR (Boiling Water Reactor) fabricado por General Electric. La compañía americana les vendió el mismo modelo a japoneses y españoles a comienzos de los 70. El reactor 1 de Fukushima y el único que hay en Garoña son idénticos y se inauguraron en 1971.

Barra de combustible: Combustible nuclear dispuesto en forma de barra formado por pastillas contenidas en una vaina tubular metálica. En las centrales nucleares puede usarse Uranio y Plutonio, pero este segundo también es utilizado en la fabricación de armas nucleares. En Fukushima hay cinco reactores que funcionan con uranio y uno de ellos -el reactor tres- que contiene una mezcla llamada MOX que contiene plutonio y uranio.

Reactores tres y cuatro de la central de Fukushima con los edificios de contención dañados y humeantes. | AFP

Vasija: Recipiente en el que se encuentra el núcleo de un reactor nuclear. En él están las vainas de combustible (cubierta metálica que contiene herméticamente el combustible), el reflector (material situado alrededor del núcleo que es el encargdo de devolver los neutrones que de otro modo escaparían), el refrigerante (agua radiactiva) y otros componentes.

Contención: Estructura utilizada para albergar en su interior instalaciones nucleares o radiactivas para disminuir la posibilidad de contaminación del medio ambiente. En centrales nucleares, la contención está formada por una chapa de acero de revestimento y un recubrimiento de hormigón de 90 centímetros de espesor y contiene en su interior el reactor y el circuito primario.

Sievert (Sv): Unidad de la dosis equivalente y de la dosis efectiva en el Sistema Internacional de Unidades. Es decir, mide la dosis de radiación absorbida por la materia viva. Un Sv equivale a un julio de energía por cada kilogramo de peso. La unidad antigua es el REM, usada, por ejemplo, en la antigua Unión Soviética. Fue la unidad de referencia durante el accidente de Chernóbil. 1Sv equivale a 100 REM. Hay ocasiones en las que se hace referencia a bequerelios, pero las unidades no son comparables porque el bequerelio es una unidad de radiactividad, no de dosis equivalente.

Radiactividad: Propiedad de algunos elementos químicos de emitir partículas u ondas electromagnéticas. Esta propiedad se debe a la existencia de una descompensación entre el número de neutrones y de protones del núcleo del átomo, que provoca una inestabilidad y una liberación de la energía acumulada en forma de partículas u ondas. La radiactividad natural se debe a elementos que emiten radiaciones espontáneamente, como es el caso del uranio, el torio o el radón, por ejemplo.

Núcleo del reactor: Región de un reactor nuclear en la que se encuentra el combustible y donde se produce la reacción nuclear de fisión y la liberación de calor.

Fusión nuclear: Reacción entre núcleos de átomos ligeros que conduce a la formación de un núcleo más pesado que los iniciales, acompañada de la emisión de partículas elementales y de energía.

Fisión nuclear: Reacción nuclear en la que tiene lugar la ruptura de un núcleo pesado, generalmente en dos fragmentos cuyo tamaño son del mismo orden de magnitud, y en la cual se emiten neutrones y se libera gran cantidad de energía.

Fusión del núcleo: Es un daño grave del núcleo del reactor debido a un sobrecalentamiento. Se produce cuando un fallo grave del sistema de la central impide la adecuada refrigeración del núcleo del reactor. Cuando eso sucede, las vainas de combustible se calientan hasta llegar a derretirse. Supone un gran peligro debido a que existe el riesgo de que el material radiactivo (el combustible nuclear) sea emitido a la atmósfera. No se debe confundir con fusión nuclear (ver más arriba).

Isótopo: Cada una de las distintas formas de los átomos de un elemento químico. Todos los isótopos de un elemento tienen el mismo número atómico (número de protones) y, por tanto, pertenecen al mismo elemento químico, pero difieren entre sí en el número de neutrones.

Partículas alfa: Son emitidas por los radionucleidos naturales no son capaces de atravesar una hoja de papel o la piel humana y se frenan en unos pocos centímetros de aire. Sin embargo, si un emisor alfa es inhalado, ingerido o entra en el organismo a través de una herida puede ser muy nocivo.

Partículas beta: Son electrones que salen despedidos en los procesos radiactivos. Los de energías más bajas son detenidos por la piel, pero la mayoría de los presentes en la radiación natural pueden atravesarla. Al igual que los emisores alfa, si un emisor beta entra en el organismo puede producir graves daños.

Rayos gamma: Radiación electromagnética producida en el fenómeno de desintegración radiactiva. Su longitud de onda es menor que la de los rayos X, por lo que es una radiación extraordinariamente penetrante. La radiación gamma suele acompañar a la beta y a veces a la alfa. Los rayos gamma atraviesan fácilmente la piel y otras sustancias orgánicas, por lo que puede causar graves daños en órganos internos

 

La central nuclear ucraniana de Chernobil fue escenario el 26 de abril de 1986 de la mayor catástrofe nuclear de la historia. El pasado 11 de marzo uno de los más fuertes terremotos de las últimas décadas sacudió Japón y provocó una avería en la planta atómica de Fukushima, lo que desató la alarma internacional.

Causas. Una cadena de explosiones atribuidas a fallos humanos y técnicos en el cuarto reactor de Chernobil, situada a unos 100 kilómetros de Kiev, fueron la causa del accidente en la planta ucraniana, avería que había sido pronosticada por expertos occidentales, advertencias que fueron ignoradas por las autoridades soviéticas. En el caso de la central japonesa, situada a menos de 300 kilómetros de Tokio y que era considerada una central extremadamente segura, el seísmo inutilizó los sistemas de refrigeración de la central y provocó explosiones en tres de los reactores, lo que elevó peligrosamente el nivel de radiactividad.

Consecuencias. El accidente en Chernobil esparció hasta 200 toneladas de material fusible con una radiactividad de 50 millones curies, equivalente a 500 bombas atómicas como la de Hiroshima. Con el fin de rebajar la temperatura, las autoridades niponas ordenaron abrir de forma controlada las válvulas de los reactores, pese al peligro de que el vapor liberado transportara sustancias radiactivas. El primer ministro japonés, Naoto Kan, admitió que la operación liberó cantidades de radiación "mínimas", pero "asumibles" para la población. La agencia nuclear de la ONU expresó su temor a que se haya producido un daño en el núcleo del reactor 2 de la central.

Contaminación. La nube tóxica desprendida por la central ucraniana afectó a más de cinco millones de personas, aunque las autoridades sanitarias internacionales nunca se han atrevido a vincular la radiactividad de Chernobil con el aumento de la mortalidad en las regiones ucranianas, rusas y bielorrusas afectadas, y el incremento en el número de los enfermos con cáncer y afecciones respiratorias. Organizaciones como Greenpeace cifran en unos 200.000 los muertos a causa de la catástrofe nuclear. Por el momento, varias decenas de personas han resultado contaminadas por la radiación despedida por Fukushima, mientras cerca de 200 están siendo examinadas. Las autoridades han decidido evacuar a unas 200.000 personas residentes en las inmediaciones de la planta y también han trazado un perímetro de alerta o 'Zona cero' de 30 kilómetros. Miles de personas, entre ellos diplomáticos y periodistas, están abandonando Tokio por miedo a la radiación.

Actitud del Gobierno. En un primer momento la televisión soviética encubrió la catástrofe y mostró imágenes de la central de Chernobil en perfecto estado. El diario 'Izvestia', antiguo órgano del Estado soviético, fue el primero en informar sobre la avería en uno de los reactores de Chernobil con una escueta nota de ocho líneas del Consejo de Ministros de la URSS en una esquina de su primera página. Las autoridades japonesas han informado desde el principio sobre la avería, pero la confusión es mayor según pasan los días en lo que se refiere al peligro de un accidente en la planta, la posibilidad de una fuga y los niveles de radiación en los alrededores.

 

CONSECUENCIAS DE LA CATÁSTROFE DE CHERNOBIL

por Greenpeace

El accidente de Chernóbil ha demostrado también que la energía nuclear es una amenaza que no conoce fronteras, ya que la radiactividad liberada a causa del accidente contaminó lugares situados a miles de kilómetros de la central siniestrada.

 

La radiactividad no respetó los límites de la Zona de Exclusión: Naciones Unidas calcula que el área contaminada radiactivamente es de 160.000 km2, lo que equivale a casi un tercio de la extensión del territorio del Estado español, o al tamaño de Holanda.


Los daños a la salud pública causados por la radiactividad que actualmente se conocen parece que sólo serán la punta del iceberg, puesto que muchas enfermedades pueden tardar décadas o incluso generaciones en manifestarse.


La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que se producirán, sólo en territorio de la antigua Unión Soviética, más de 500.000 muertes cuando hayan transcurrido 25 años de la catástrofe.


En abril de 2000, coincidiendo con el 14º aniversario del accidente de Chernóbil, la ONU publicó un informe donde se recapitulaba sobre sus devastadoras consecuencias. El número de personas afectadas en las repúblicas de Bielorrusia, Ucrania y Rusia se calcula en más de 7 millones, 3 de los cuales son niños. Todavía viven 1,8 millones en zonas fuertemente contaminadas por la radiactividad. Los muertos por la catástrofe se cifraba ya en 165.000 y su número seguirá creciendo durante años.


Aunque el número de leucemias detectados es más bajo de lo que se esperaba, la incidencia de cáncer de tiroides en niños menores de 14 años ha doblado ya la cifra prevista para el 2006, que es cuando se esperaba la incidencia máxima. En la actualidad hay 380.000 niños afectados.La combinación de vivir en una tierra contaminada y el consumo de alimentos afectados por la radiactividad está incrementando y agudizando los daños sobre la salud. Además de las víctimas mortales, ya mencionadas, y las malformaciones congénitas y deformaciones que, como consecuencia de las mutaciones, están apareciendo entre la población nacida después del accidente (los Niños de Chernóbil), los índices de diversas enfermedades están aumentando en todo el área afectada. El coste económico de la catástrofe se ha cifrado en más de 40 billones de pesetas. Como dato significativo, el Gobierno de Bielorrusia destinó en 1995 el 13,5% de su Producto Interior Bruto a intentar paliar las consecuencias del accidente, aunque necesitaría al menos el 40% del mismo para cubrir todas sus necesidades.

 

LAS LECCIONES DE CHERNOBIL


Como hemos visto, las consecuencias ecológicas, sanitarias y económicas de una catástrofe como la de Chernóbil son muy elevadas, con seguridad incalculables.


El accidente de Chernóbil ha demostrado también que la energía nuclear es una amenaza que no conoce fronteras, ya que la radiactividad liberada a causa del accidente contaminó lugares situados a miles de kilómetros de la central siniestrada.


Las autoridades ucranias reconocen la existencia de amplias zonas fuera del área de exclusión de 30 km. de radio declarada alrededor de la central, mucho más contaminadas radiactivamente que otras del interior de la misma. Este hecho incuestionable deja en evidencia la inutilidad de los planes de emergencia nuclear y las zonas de exclusión contempladas en éstos.

 

NO NECESITAMOS ENERGÍA NUCLEAR.


Ningún reactor nuclear es seguro, da igual que su diseño sea soviético o de tipo occidental.

La energía nuclear es intrínsecamente peligrosa: el riesgo de un fallo técnico o un error humano o de ambos no puede descartarse en ningún momento. Así el accidente nuclear ocurrido en la central de Three Mile Island (Harrisburg, Estados Unidos, 1979), el de mayor gravedad después del de Chernóbil, donde también se produjo una fusión del núcleo, o el que tuvo lugar en Tokaimura (Japón, 1999), han acabado definitivamente con el argumento de que las instalaciones nucleares del mundo occidental eran seguras. En España, el accidente de la central de Vandellós I en 1989, que provocó su cierre definitivo, estuvo a punto de provocar una catástrofe nuclear.


Por otro lado, la cuestión de los residuos nucleares sigue siendo un problema sin solución, y su peligrosidad, en el caso de los de alta actividad, permanecerá durante cientos de miles de años, constituyendo una amenaza para nuestras vidas y las de las futuras generaciones.


La energía nuclear sólo proporciona un 5% de la energía primaria que se consume en el mundo.


Sin embargo, la energía, en su mayor parte se despilfarra. Está ampliamente demostrado que podemos ahorrar más de un 50% de la energía que se consume en la actualidad, sin que disminuya la calidad ni la cantidad de los servicios que la energía nos proporciona: calor, frío, iluminación, movimiento... No necesitamos más y más kilovatios-hora o termias, necesitamos aprovecharlos mejor.

 
Es necesario cambiar el modelo energético para evitar seguir poniendo en peligro nuestro planeta: mejorar sustancialmente la eficiencia energética para evitar el despilfarro y apostar decididamente por las fuentes de energía renovables, como la solar y la eólica. Sólo así podremos cerrar las centrales nucleares y disminuir el uso de los combustibles fósiles.

 
En nuestro país, no existe problemas técnicos ni energéticos para lograr el cierre de las centrales nucleares en un plazo no superior a diez años, comenzando por las más antiguas (Zorita y Garoña), cuya vida útil ya está agotada y suponen un peligro cada día que siguen abiertas.